Señor Santiago,
Acudo de nuevo, como Delegado de S.M. el Rey D. Juan Carlos I, a presentarte la Ofrenda Nacional que toda España te obsequia para conmemorar la traslación de tus sagrados restos a la vieja Gallaecia, en la nave que, como nos informa el Liber Sancti Jacobi, recorrió en siete días la distancia que separa a Jafa, en tu Palestina natal, hasta el puerto de Iria Flavia, en los confines del mundo entonces conocido.
Un viaje en el que se obró el primero de tus grandes milagros durante la traslación que hoy conmemoramos, pues la nave en la que tus discípulos te embarcaron, “hinchadas las velas por vientos favorables, navegando con gran tranquilidad sobre las olas del mar” , llegó a nuestro Finisterre evitando “sin daño alguno los ataques de los piratas, los peligrosos choques con los escollos y las negras simas de las encrespadas olas” .
Son muchos, desde entonces, los milagros que has obrado en esta tierra, bendecida con la presencia del primero de los Doce en sufrir el martirio.
El principal de ellos, sin lugar a dudas, la congregación en torno a tu sepulcro de “muchedumbres de gentes que vienen a él a Galicia” ... “porque afluyen ahora a su basílica en Galicia gentes de todos los países del mundo y cuentan las glorias del Señor y las maravillas y milagros que por medio del Apóstol ha obrado en ellos”. Así narra el Papa Calixto que ya sucedía en sus tiempos, acertando plenamente al predecir que su “fruto durará por la eternidad” .

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