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Monseñor Barrio pide "abrirnos a los demás" y ser "solidarios con los pobres, los que sufren, los pequeños y los marginados"

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 03 junio 2015 0 comentarios

“Usamos mucho la palabra solidaridad, por otra parte muy valorada, pero tal vez no la ponemos suficientemente en práctica, superando los individualismos, las avideces, la especulación desenfrenada, colocando en el centro a las personas y buscando el bien de todos”. Así se expresa el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, en la Carta Pastoral del Día de Corpus Christi, festividad que la Iglesia celebra el domingo 7 de junio, la misma fecha en la que Cáritas celebra su Día de Caridad. De este modo, la adoración al Santísimo se entrelaza con el trabajo en favor de los más desfavorecidos. En su carta, monseñor Barrio indica que “así descubriremos la llamada a abrirnos a los demás en una sociedad marcada por el egoísmo, las tensiones, los enfrentamientos, y la violencia, asumiendo el compromiso de ser solidarios con los pobres, los que sufren, los pequeños y los marginados”.

El arzobispo compostelano asegura en el texto que para esto, “la Eucaristía ilumina nuestro proceder en el servicio al bien común y en la contribución que los cristianos debemos hacer a la vida social y política, pidiéndonos una renovación real en nuestro comportamiento que ha de significarse por la honradez, la rectitud moral, la justicia y la solidaridad”.  “La acción caritativa y social”, afirma monseñor Barrio, “ocupa un lugar significativo en el proceso evangelizador”.

En el marco de la festividad del Corpus Christi, Cáritas invita a vivir esta jornada como una oportunidad para construir una nueva fraternidad universal basada en la defensa de la dignidad y los derechos de todas las personas. Y nos recuerda -se lee en el díptico divulgativo del Día de Caridad- que “absolutamente todos somos convocados por Dios a vivir la fraternidad, la mesa compartida, construyendo y rehabilitando la vida desde una nueva forma de relación con el otro, especialmente, con las personas que menos tienen, que más sufren”.  En el Día de Caridad, Cáritas hace un también un llamamiento a adoptar estilos de vida más sostenibles y fraternos, si no queremos vivir de espaldas a la realidad sangrante que representan los más de 5,4 millones de personas que no tienen trabajo en nuestro país, ni los 845 millones de personas con hambre crónica en el mundo, ni las miles de personas que tratan de buscar una vida más digna cruzando fronteras.


Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. Junio 2015.

 “Yo soy el pan de vida…” (Jn 6,35)

Queridos diocesanos:

El Día del Corpus Christi es celebración de la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía, que prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. Es agradecimiento humilde y generoso ante esta presencia insospechada que “hace proezas con su brazo y dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 51-53).

Celebrar, adorar, contemplar la Eucaristía

Se nos invita a celebrar, adorar y contemplar sosegada y devotamente la Eucaristía, “Cuerpo entregado por nosotros y Sangre derramada para el perdón de los pecados”. Así descubriremos la llamada a abrirnos a los demás en una sociedad marcada por el egoísmo, las tensiones, los enfrentamientos, y la violencia, asumiendo el compromiso de ser solidarios con los pobres, los que sufren, los pequeños y los marginados. Lo que acredita al cristiano es el reconocimiento de Cristo en el rostro de los hermanos, abriendo el corazón para salir al encuentro de cada pobreza. “No seríamos discípulos de Jesús, ni la Iglesia podría presentarse como su Iglesia, si no reconociéramos en el ejercicio y en el servicio de la caridad la norma suprema de nuestra vida”[1].

La Eucaristía es misterio de luz que ilumina los pasos de los creyentes hacia las profundidades de la vida divina para poder decir al Señor como los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros”. “Es comunión fraterna, cultivada por una espiritualidad de comunión que nos mueve a sentimientos recíprocos de apertura, afecto, comprensión y perdón”[2], siendo también “proyecto de solidaridad para toda la humanidad”[3]. Estamos llamados a construir una sociedad más equitativa y fraterna.  Para esto la Eucaristía ilumina nuestro proceder en el servicio al bien común y en la contribución que los cristianos debemos hacer a la vida social y política, pidiéndonos una renovación real en nuestro comportamiento que ha de significarse por la honradez, la rectitud moral, la justicia y la solidaridad. Sólo “el misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tienen su fuente inagotable en el don de Dios”[4].

Somos menesterosos no sólo de pan sino de verdad, de justicia, de libertad, y de amor. Necesitamos los valores y las certezas de Cristo que garantizan la realización plena del hombre. El vacío que siente nuestro corazón, sólo Dios puede llenarlo. En la sociedad de hoy, en la que damos la impresión de andar distraídos en medio de tanto desconcierto, muchas personas buscan inconscientemente a Dios aunque tengan bienes materiales suficientes y estén alcanzando éxitos profesionales. Hay que recordar las palabras de Jesús: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Además del pan material necesitamos otro pan para vivir dando sentido a nuestra vida. Es un pan que viene del cielo (cf. Jn 6,41); un pan que es Cristo mismo, que se nos entrega: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás” (Jn 6,35).

 Día de la Caridad

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Este es mi mandamiento que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,9.12). En Cristo encontramos la fuerza para cambiar nuestra vida y la sociedad. La Eucaristía, de hecho, es el “gran motor de la vida cristiana: es aliento para rehacer el tejido cristiano de la sociedad y para educar a la 'vida buena del Evangelio'; es punto de partida para la augurada nueva evangelización, capaz de llenar de contenidos evangélicos el estilo de los comportamientos, la cultura que nos rodea y toda la vida”. El milagro se realizará si sabemos compartir y ser solidarios, ofreciendo los panes y peces que llevamos cada uno de nosotros. Es posible que nos parezca poco lo que podemos ofrecer ante tantas necesidades espirituales y materiales, pero sin poner eso poco a disposición de los demás el milagro no se va a realizar. Usamos mucho la palabra solidaridad, por otra parte muy valorada, pero tal vez no la ponemos suficientemente en práctica, superando los individualismos, las avideces, la especulación desenfrenada, colocando en el centro a las personas y buscando el bien de todos.

La acción caritativa y social ocupa un lugar significativo en el proceso evangelizador. La caridad es en sí misma evangelizadora en sus diferentes dimensiones porque el amor es un lenguaje que nos habla de Dios, el testimonio personal suscita interrogantes, el compromiso transformador promueve el desarrollo integral, y el acompañamiento ofrece posibilidad de diálogo y primer anuncio.

Agradeciéndoos vuestra colaboración generosa para ayudar a los más necesitados, os saluda con todo afecto y bendice en el Señor.
 + Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela


                                  
Carta Pastoral no Día do Corpus Christi. Xuño 2015.

 “Eu son o pan da vida…” (Xn 6,35)

Queridos diocesanos:

 O Día do Corpus Christi é celebración da presenza real e verdadeira de Cristo na Eucaristía, que prometeu estar connosco ata o fin do mundo. É agradecemento humilde e xeneroso ante esta presenza insospeitada que “manifestou o poder do seu brazo, dispersou os soberbios de corazón. Derrubou os poderosos dos seus tronos e elevou os humildes, aos famentos encheunos de bens, e aos ricos despidiunos baleiros” (Lc 1, 51-53).

 Celebrar, adorar, considerar a Eucaristía

Invítasenos a celebrar, adorar e contemplar sosegadamente e devotamente a Eucaristía, “Corpo entregado por nós e Sangue derramado para o perdón dos pecados”. Así descubriremos a chamada a abrirnos aos demais nunha sociedade marcada polo egoísmo, as tensións, os enfrontamentos e a violencia, asumindo o compromiso de ser solidarios cos pobres, os que sofren, os pequenos e os marxinados. O que acredita o cristián é o recoñecemento de Cristo no rostro dos irmáns, abrindo o corazón para saír ao encontro de cada pobreza. “Non seriamos discípulos de Xesús, nin a Igrexa podería presentarse como a súa Igrexa, se non recoñecésemos no exercicio e no servizo da caridade a norma suprema da nosa vida”[5].

A Eucaristía é misterio de luz que ilumina os pasos dos crentes cara ás profundidades da vida divina para poder dicir ao Señor como os discípulos de Emaús: “Queda connosco”. “É comuñón fraterna, cultivada por unha espiritualidade de comuñón que nos move a sentimentos recíprocos de apertura, afecto, comprensión e perdón”[6] sendo tamén “proxecto de solidariedade para toda a humanidade”[7]. Estamos chamados a construír unha sociedade máis equitativa e fraterna. Para isto a Eucaristía ilumina noso proceder no servizo ao ben común e na contribución que os cristiáns debemos facer á vida social e política, pedíndonos unha renovación real no noso comportamento que ha de significarse pola honradez, a rectitude moral, a xustiza e a solidariedade. Só “o misterio da Eucaristía nos capacita e impulsa un traballo audaz nas estruturas deste mundo para levarlles aquel tipo de relacións novas, que teñen a súa fonte inesgotable no don de Deus”[8].

Somos menesterosos non só de pan senón de verdade, de xustiza, de liberdade e de amor. Necesitamos os valores e as certezas de Cristo que garanten a realización plena do home. O baleiro que sente o noso corazón, só Deus pode enchelo. Na sociedade de hoxe, na que damos a impresión de andar distraídos no medio de tanto desconcerto, moitas persoas buscan inconscientemente a Deus aínda que teñan bens materiais abondo e estean a alcanzar éxitos profesionais. Hai que recordar as palabras de Xesús: “Non soamente de pan vive o home, senón de toda palabra saída da boca de Deus” (Mt 4,4). Ademais do pan material necesitamos outro pan para vivir dando sentido á nosa vida. É un pan que vén do ceo (cf. Xn 6,41); un pan que é Cristo mesmo, que se nos entrega: “Eu son o pan da vida: quen vén onda min, non pasará fame e quen cre en min, endexamais non terá sede” (Xn 6,35).

Día da Caridade

“Coma me amou o Pai, así vos amei eu: permanecede no meu amor... Este é o meu mandamento: que vos amedes uns a outros coma eu vos amei” (Xn 15,9.12). En Cristo encontramos a forza para cambiar a nosa vida e a sociedade. A Eucaristía, de feito, é o “gran motor da vida cristiá: é alento para refacer o tecido cristián da sociedade e para educar á 'vida boa do Evanxeo'; é punto de partida para a augurada nova evanxelización, capaz de encher de contidos evanxélicos o estilo dos comportamentos, a cultura que nos rodea e toda a vida". O milagre realizarase se sabemos compartir e ser solidarios, ofrecendo os pans e peixes que levamos cada un de nós. É posible que nos pareza pouco o que podemos ofrecer ante tantas necesidades espirituais e materiais, pero sen poñer iso pouco a disposición dos demais o milagre non se vai realizar. Usamos moito a palabra solidariedade, por outra parte moi valorada, pero talvez non a poñemos suficientemente en práctica, superando os individualismos, as avideces, a especulación desenfreada, colocando no centro ás persoas e buscando o ben de todos.

A acción caritativa e social ocupa un lugar significativo no proceso evanxelizador. A caridade é en se mesma evanxelizadora nas súas diferentes dimensións porque o amor é unha linguaxe que nos fala de Deus, o testemuño persoal suscita interrogantes, o compromiso transformador promove o desenvolvemento integral, e o acompañamento ofrece posibilidade de diálogo e primeiro anuncio.

Agradecéndovos a vosa colaboración xenerosa para axudar aos máis necesitados, saúdavos con todo afecto e bendice no Señor.
+ Julián Barrio Barrio
Arcebispo de Santiago de Compostela 


[1] CEE, Orientaciones morales ante la situación actual de España. Instrucción pastoral, 23 de noviembre de 2006, 78.

[2] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 21.

[3] Ibid., 27.

[4] Sacramentum Caritatis, 91.

[5] CEE. Orientacións morais ante a situación actual de España. Instrucción pastoral, 23 de novembro de 2006, 78.

[6] XOÁN PAULO II, Mane nobiscum Domine, 21.

[7] Ibid., 27.

[8] Sacramentum Caritatis, 91.


Actos del día del Corpus Christi en la Catedral de Santiago

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Solemnidad del Corpus Christi 2015

Sábado 6 20:30h.
HORA SANTA
En el Altar Mayor de la Catedral, como preparación a la Solemnidad del Corpus Christi.

Domingo 7
De 10:30h. a 19:00h.

el SANTÍSIMO
Permanecerá expuesto en la Capilla del Santísimo

19:30h.
MISA PONTIFICAL
Presidida por el Excmo. Sr. Arzobispo

20:30h.
PROCESIÓN eucarística

Por las calles de la ciudad, al final BENDICIÓN SOLEMNE en la Plaza de Platerías

S.A.M.I. Catedral de Santiago de Compostela


Monseñor Barrio asegura que la vida contemplativa es una "realidad dinámica" y una riqueza para la Iglesia

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 27 mayo 2015 0 comentarios

En una Carta Pastoral con motivo de la Jornada “Pro Orantibus”, que se celebrará este próximo domingo, el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, recuerda a todos los contemplativos que “la prioridad de todo consagrado debe seguir siendo Dios y  potenciar el primado de Dios en su vida. Sin duda esta es también la más acuciante tarea de la Iglesia en la hora presente y siempre”. La  Jornada de este año acontece en el marco del Año de la Vida Consagrada proclamado por el papa Francisco para toda la Iglesia y dentro del V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús. Se trata de una celebración gozosa para dar gracias a Dios por el don de la vida de los monjes y monjas, que se consagran enteramente a Dios y al servicio de la sociedad en los monasterios y claustros. Es un día también para que todo el Pueblo de Dios ore al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés por las vocaciones a la vida consagrada contemplativa.

En su Carta Pastoral, monseñor Barrio asegura que “Dios ha de ser el centro de la vida, como una presencia fiel y constante que llena de sentido y proyecta hacia delante todas las situaciones vitales”. El arzobispo compostelano indica, además, que “la vida contemplativa en la Iglesia es una verdadera riqueza, adornada de tantos carismas y de tantas realidades vividas con pasión por hombres y mujeres, no solamente en el pasado, sino también en el presente. Es una realidad dinámica y, por tanto, siempre necesitada de ser renovada a la luz del Evangelio, de la Iglesia y del mundo”.

Carta Pastoral en la Jornada “Pro Orantibus”. Mayo 2015
“Sólo Dios basta”

Queridos Miembros de Vida Contemplativa:

En el Año de la Vida Consagrada y en el Año Teresiano se nos ofrece como clave para interpretar la vida contemplativa esta frase de Santa Teresa de Jesús: “Sólo Dios basta”[1]. Se trata de “saborear” de nuevo con vosotros sus palabras, ya que ella misma se encargó de definir sus obras como “cosa sabrosa”[2]. Palabras que nos conducen a lo determinante de vuestra vida: ¡Sólo Dios! Como nos dice el Papa Francisco: “Estamos llamados a experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado”[3].

Peregrinamos en la barca de la Iglesia que es misterio y alegría evangélica. La alegría cristiana se asienta en la fe en el Dios Trinitario que nos ama y por este amor nos sentimos seguros y gozosos, y afrontamos las dificultades de la vida. La Iglesia ha de hablar de Dios. Tal vez “en la Iglesia hablamos demasiado poco de Dios o lo hacemos con un  árido adoctrinamiento, al que le falta una fuerza vital auténtica”[4], sin olvidar lo que escribía Pascal: “Sólo Dios habla bien de Dios”.

En efecto, en lo que a Dios se refiere, hay un saber humano, que es más bien un no saber, y que, con frecuencia, nos aparta de la verdad y de la humildad, para entregarnos a la vanidad de nuestros ídolos y a la soberbia de nuestras ideologías. Y hay un saber que viene de la contemplación que sólo el Espíritu de Dios puede dar[5]. Para saber de Dios necesitamos que Él nos dé ojos nuevos, mirada nueva, comprensión nueva para ponerlo en el centro de nuestra vida.

Dios en el centro de la vida.

Todos hemos soñado alguna vez que las cosas puedan funcionar de otra manera, pensando en una vida diferente que supere las tonalidades grises de cada día. Esta es la manera, en principio, de entrar en contacto con nuestro anhelo de infinito: una esperanza de ir siempre más allá que nos dinamiza y orienta hacia esa fuente de vida a la que somos invitados desde dentro, sin caer en la tentación de “buscar más allá de nuestro horizonte familiar medios de redención para nuestro mundo irredento”[6].  Dios ha de ser el centro de la vida, como una presencia fiel y constante que llena de sentido y proyecta hacia delante todas las situaciones vitales. Es importante y fundamental no acudir sólo a Dios en las situaciones extremas y desesperadas. Hay que acoger a Dios en la riqueza y en la profundidad de nuestra existencia y no  -o al menos no sólo- en las preocupaciones y nostalgias. El papa emérito Benedicto XVI abunda en esta percepción cuando escribe: “Es tan urgente que la pregunta sobre Dios vuelva a colocarse en el centro. Por supuesto, no se trata de un Dios que de alguna manera existe, sino de un  Dios que nos conoce, que nos habla y que nos incumbe”[7].

Santa Teresa decía a sus monjas que “entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior”[8] y no sólo cuando se reúnen para rezar, porque “el verdadero amante en toda parte ama y siempre se acuerda del amado”[9]. Los “pucheros” representan todas nuestras tareas de cada día, por nimias y tediosas que parezcan y que, por eso mismo, a veces, muchas veces, dejamos de amar. Esas cosas que hemos de hacer y que al fin y al cabo constituyen lo que es nuestro vivir cotidiano.

“Buscadores de Dios”.
La prioridad de todo consagrado debe seguir siendo Dios y potenciar el primado de Dios en su vida. Sin duda esta es también la más acuciante tarea de la Iglesia en la hora presente y siempre. Benedicto XVI definió vuestra identidad con una de las más bellas y profundas definiciones de los consagrados: “sois por vocación buscadores de Dios”, recogiendo la convicción expresada por san Bernardo al final del tratado De consideratione, cuando manifestaba; “Debería proseguir la búsqueda de este Dios, al que no se busca suficientemente –escribe el santo abad-, pero quizá se puede buscar mejor y encontrar más fácilmente con la oración que con la discusión. Pongamos, por tanto, aquí término al libro, pero no a la búsqueda” (PL 182, 808), a estar en camino hacia Dios”[10]. La vida consagrada es un camino de búsqueda de Dios: “El sentido de vuestra vocación implica, ante todo, buscar a Dios, “quaerere Deum”: sois por vocación buscadores de Dios”[11]. Ya con  anterioridad, en una de las primeras intervenciones dirigidas a los religiosos residentes en Roma el 10 de diciembre de 2005, había dicho: “En efecto, la vida consagrada, desde sus orígenes, se ha caracterizado por su sed de Dios: quaerere Deum. Por tanto, vuestro anhelo primero y supremo debe ser testimoniar que es necesario escuchar y amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, antes que a cualquier otra persona o cosa”.

La expresión “búsqueda” conlleva además dinamismo y tensión en el modo de entender y vivir la relación con Dios. Se trata de recorrer un camino. La búsqueda de Dios por parte del consagrado no termina nunca. Ocupa toda la vida. Con la particularidad de que, como escribe Santa Teresa de Ávila: “Los que esto no han probado, no me maravillo quieran seguridad de gran interés. Pues ya sabéis que es ciento por uno aun en esta vida, y que dice el Señor Pedid y daros han. Si no creéis a Su Majestad en las partes de su evangelio que asegura esto, poco aprovecha, hermanas, que me quiebre yo la cabeza a decirlo. Todavía digo a quien tuviera alguna duda que poco se pierde en probarlo: que eso tiene bueno este viaje, que se da más de lo que se pide ni acertáremos a desear”[12].

“¿Qué espero en particular de este Año de gracia de la Vida Consagrada?”, se pregunta al Papa Francisco, y también nosotros nos hemos de preguntar: ¿Qué cabe esperar de este Día de la Vida Consagrada Contemplativa?  La vida contemplativa en la Iglesia es una verdadera riqueza, adornada de tantos carismas y de tantas realidades vividas con pasión por hombres y mujeres, no solamente en el pasado, sino también en el presente. Es una realidad dinámica y, por tanto, siempre necesitada de ser renovada a la luz del Evangelio, de la Iglesia y del mundo. El Año de la Vida Consagrada que estamos viviendo está llamado a ser un acontecimiento de gracia en este camino de abrir el mundo al mensaje evangelizador, que resume vuestra vida y que encuentra eco en aquellas palabras de Teresa de Jesús: “Id, pues, bienes del mundo. Id dichas vanas, aunque todo lo pierda; sólo Dios basta”[13].

Sigamos la estela del Concilio Vaticano II que marcó el itinerario para devolver a la Iglesia, y a la Vida Consagrada con ella, todo su encanto, toda su vitalidad, todo su entusiasmo, toda su alegría. Se nos sigue invitando a cantar un cántico nuevo, como pedía San Agustín: “¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí, cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta. (…) ¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis  su alabanza, si vivís santamente”[14].

Encomendando a María, “la Virgen de la escucha, del silencio y de la contemplación”, a todos vosotros, queridos Miembros de Vida Contemplativa, os saluda con afecto y bendice en el Señor.
+ Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela


[1] Santa Teresa de Jesús, Poema IX.
[2] Santa Teresa de Jesús,  Camino de Perfección, 41, 1.
[3] Carta apostólica a todos los consagrados,  con ocasión del Año de la Vida Consagrada
[4] Cf. K. RAHNER, Cambio estructural en la Iglesia, Madrid 1974, 108
[5] Comoescribía San Juan de la Cruz: “Y, si lo queréis oír, consiste esta suma ciencia en un subido sentir de la divinal esencia; es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo, toda ciencia trascendiendo” :Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación.
[6] M. DÊLBREL, La santidad de la gente sencilla, Monte Carmelo, Burgos 2012, 45.
[7] Luz de la tierra, entrevista con el periodista Peter Seewald, pag. 62.
[8] Santa Teresa de Jesús, Las Fundaciones, 5, 8.
[9] Idid., 5, 18.
[10] BENEDICTOXVI, Palabras en la Audiencia General  del 21.10.2009.
[11] BENEDICTO XVI, Discurso en la Asamblea General de la Unión de Superiores, 26 de noviembre de 2010.
[12] Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 23, 6.
[13] Santa Teresa de Jesús,  Poema Sólo Dios basta.
[14] Liturgia de las Horas el martes de la III semana del tiempo Pascual.


El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, ha invitado a los laicos de la Archidiócesis a implicarse activamente en la evangelización de la sociedad. “Los bautizados”, dice monseñor Barrio en su Carta Pastoral para el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, “desde sus mil ocupaciones, han de iluminar el mundo de hoy con su testimonio cristiano, un testimonio de santidad y de coherencia de vida”. El arzobispo compostelano asegura que esa inquietud ha de “manifestarse en el ámbito de la la familia, de la educación, del trabajo, de la política, de la cultura y de la economía compartiendo el don de la fe y la esperanza a la que hemos sido llamados”. Esta jornada, que se celebra bajo el lema “Familia cristiana, apóstoles en el mundo”, se desarrollará este próximo domingo, solemnidad de Pentecostés.

“La Iglesia”, asegura monseñor Barrio, “necesita laicos comprometidos, siendo coherentes con su fe y viviendo la pasión de servir al prójimo”. Para realizar esta misión, explica el arzobispo compostelano, “es necesario seguir las enseñanzas de la doctrina cristiana, sintetizadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo en la defensa de la dignidad de la persona, la fraternidad y la solidaridad”. Esta tarea, comenta monseñor Barrio, no está exenta de dificultades. “Relativizar la vida humana”, indica, “desvirtuar y manipular nuestra fe, construir una cultura al margen de la tradición católica con estilos de vida y comportamientos ajenos a nuestro compromiso cristiano, es algo que se representa en el plató de nuestra sociedad”.

“Pero en este momento”, añade el prelado compostelano, “percibimos el poderoso aliento del Espíritu que reanima el pueblo de Dios y despierta en medio de este, carismas de todo tipo: el amor por la palabra de Dios, la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y en la evangelización, el compromiso constante en el magisterio eclesial y en los comportamientos en favor de los pobres y de los que sufren”.

          
Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2015

Apóstoles en el mundo

Queridos diocesanos:

Son tiempos de esperanza y de fe para gente valiente y generosa, fundamentada en el amor de Jesús, en la práctica de los sacramentos y en la oración. Los bautizados, desde sus mil ocupaciones, han de iluminar el mundo de hoy con su testimonio cristiano, un testimonio de santidad y de coherencia de vida. Así serán protagonistas en la Nueva Evangelización, respondiendo a la llamada a la santidad. En este sentido se nos propone como lema de esta jornada: “Familia cristiana, apóstoles en el mundo”.

Familia y laicos evangelizadores

Esta inquietud debe manifestarse en el ámbito de la la familia, de la educación, del trabajo, de la política, de la cultura y de la economía compartiendo el don de la fe y la esperanza a la que hemos sido llamados. “Toda vocación cristiana es una vocación al apostolado, a la misión. El matrimonio que funda la familia, es una vocación a la que Dios llama como camino de seguimiento y santidad, haciendo así de la familia un lugar y fuente de evangelización, por ser vocación cristiana”[1]. La familia ha de sentirse protagonista en la misión de la Iglesia y en la construcción de la sociedad, difundiendo en la historia el Reino de Dios.

La Iglesia necesita laicos comprometidos, siendo coherentes con su fe y viviendo la pasión de servir al prójimo. Para realizar esta misión, es necesario seguir las enseñanzas de la doctrina cristiana, sintetizadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo en la defensa de la dignidad de la persona, la fraternidad y la solidaridad. “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados… Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41)…¿A qué esperamos nosotros?”[2].

Relativizar la vida humana, desvirtuar y manipular nuestra fe, construir una cultura al margen de la tradición católica con estilos de vida y comportamientos ajenos a nuestro compromiso cristiano, es algo que se representa en el plató de nuestra sociedad. Pero también en este momento percibimos el poderoso aliento del Espíritu que reanima el pueblo de Dios y despierta en medio de este, carismas de todo tipo: el amor por la palabra de Dios, la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y en la evangelización, el compromiso constante en el magisterio eclesial y en los comportamientos en favor de los pobres y de los que sufren. La Iglesia sigue contando con tantos mártires de la fe. “Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. En ese sentido, todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente; pero eso no significa que debamos postergar la misión evangelizadora, sino que encontremos el modo de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en que nos hallemos… Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo”[3].

Testigos de la alegría del Evangelio

“Pena y melancolía, no las quiero en casa mía”, decía Santa Teresa de Jesús a sus monjas. La cruz termina con el Viernes Santo, la dicha y la gloria del Domingo de Resurrección duran por siempre. La fe, don de Dios, no impide disfrutar de la vida ni es enemiga de la alegría. La alegría cristiana es interior; no viene desde fuera, sino desde dentro. Nace del actuar misterioso y presente de Dios en el corazón humano en gracia y se expresa en la paz del corazón, en la capacidad de amar y de ser amado, y por encima de todo, en la esperanza, sin la cual no puede haber alegría. De esta alegría que el mundo busca, hemos de ser testigos. "Al solo escucharla nombrar --escribe san Agustín--, todos se alzan y te miran, por así decirlo, a las manos, para ver si eres capaz de dar algo a su necesidad". Unos cristianos melancólicos y temerosos no estarían, por lo tanto, a la altura de su tarea; no podrían responder a las expectativas de la humanidad y especialmente de los jóvenes. “Aunque no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se creció en dos aspectos: la conciencia de que toda la comunidad los evangeliza y educa, y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor. Cabe reconocer que, en el contexto actual de crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Algunos participan en la vida de la Iglesia, integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en sus propias diócesis o en otros lugares. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!”[4].

Modo de testimoniar la alegría del Evangelio
Los cristianos dan testimonio, por lo tanto, de la alegría cuando comunican el mensaje de Jesús, evitando cualquier amargura e inútil resentimiento en el diálogo con el mundo y con los demás, e irradiando la confianza en Dios, “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5, 45). “Este es el Espíritu de Pentecostés que impulsa hoy a numerosos discípulos de Cristo por los caminos de la oración, en la alegría de una alabanza filial, y hacia el servicio humilde y gozoso de los desheredados y de los marginados de nuestra sociedad… Esta mirada positiva sobre los seres y sobre las cosas, fruto de un espíritu humano iluminado y fruto del Espíritu Santo, halla en los cristianos un lugar privilegiado de renovación: la celebración del misterio pascual de Jesús. En su Pasión, en su Muerte y en su Resurrección, Cristo recapitula la historia de todo hombre y de todos los hombres, con su carga de sufrimientos y de pecados, con sus posibilidades de perfección y de santidad”[5], como escribía en los últimos años de su pontificado, el Beato Pablo VI.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela


El barrio de Atocha de A Coruña, se vistió de fiesta ante los actos de conmemoración del Centenario de la imagen del Niño Jesús de Atocha

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 18 mayo 2015 0 comentarios

Ayer, el barrio de Atocha de A Coruña vivió una jornada de fiesta celebrando el Centenario de la llegada de la imagen del Niño Jesús de Uvas y Espigas al barrio.

El colegio de la Grande Obra de Atocha, y las Hijas de la Natividad fundadas por D. Baltasar Pardal programaron una jornada que estuvo plagada de actividades lúdicas y actuaciones musicales. A las 20.00 h. se clausuró el día con la celebración de la Eucaristía presidida por el Arzobispo D. Julián Barrio, que participó con anterioridad en la creación del mosaico gigante instalado en la Plaza de España.


Próximamente se publicará la Galería fotográfica de la jornada


Ser pastores como el Buen Pastor: (Galería fotográfica, San Juan de Ávila)

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Con cordial agradecimiento os felicito a vosotros, queridos sacerdotes, que celebráis las Bodas de Diamante, Oro y Plata sacerdotales. Si día a día damos gracias a Dios por nuestro ministerio, hoy percibimos más vivamente esta necesidad. Todos vamos experimentando que el Señor enriquece nuestra pobreza y fortalece nuestra fragilidad, al tratar de mantener nuestra fidelidad, sabiendo que Él fue quien nos eligió (Jn 15,16). Es un día de gracia para redescubrir la belleza y la verdad del don del sacerdocio y la necesidad que tenemos de la santidad   movidos por el Espíritu de Dios, que nos sorprende siempre con su creatividad en nuestras fatigas y melancolías.

        “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”. La lectura del pasaje de los Hechos de los Apóstoles nos narra la redacción de las conclusiones de la asamblea de Jerusalén. Es el acta conciliar más antigua de la historia y todo un referente. Queda constancia de la supremacía de la libertad del Espíritu sobre la ley en una comunidad eclesial participativa y abierta, del deseo de una convivencia significada por la unión y la caridad, y de la reducción al mínimo de las imposiciones. Providencial referencia para nuestra Iglesia diocesana que se encuentra celebrando el Sínodo Diocesano. En el evangelio se nos da un mandato y se nos hace partícipes de una confidencia: “Amaos como yo os he amado, y vosotros sois mis amigos”. El Señor nos ha amado hasta dar su vida y ha querido hacernos amigos suyos porque no guarda secretos para nosotros, porque ha querido elegirnos y porque al elegirnos ha demostrado que nos quiere. La amistad con Cristo significa que nuestra voluntad se ha de adherir plenamente a Él, redescubriendo día a día la conciencia del extraordinario e indispensable don de la Gracia que el ministerio sacerdotal es para quien lo ha recibido, para la Iglesia y para el mundo, Hemos de configurarnos con Cristo para cumplir la voluntad de Dios, apreciando todo lo que de bueno te pueden aportar también los alejados o los que no tienen fe. El sacerdote debe vivir con entrega plena su ministerio, siendo dispensador de la misericordia divina y alimentando a los fieles en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía. 

Vivimos en una sociedad inestable donde se está reduciendo el espacio sagrado y en la que el sacerdote debe ser un modelo de estabilidad y de madurez, de entrega plena a su ministerio. “Es justo que el sacerdote se inserte en la vida, en la vida común de los hombres, pero no debe ceder a los conformismos y a los compromisos de la sociedad. ¿A qué serviría un sacerdote tan semejante al mundo, que se convierte en sacerdote mimetizado y no en fermento transformador?”

Así lo entendió y vivió San Juan de Ávila. Es “el ejemplo realizado de un sacerdote santo que ha encontrado la fuente de su espiritualidad en el ejercicio de su ministerio; un sacerdote con vida de oración y honda experiencia de Dios, enamorado de la Eucaristía, fiel devoto de la Virgen, conocedor de la cultura de su tiempo, estudioso y en formación permanente integral, acogedor, viviendo en comunión la amistad, la fraternidad sacerdotal y el trabajo apostólico; un apóstol infatigable entregado a la misión, predicador del misterio cristiano y de la conversión, padre y maestro en el sacramento de la penitencia, guía y consejero de espíritus, animador de vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales, innovador de métodos pastorales, preocupado por la educación de los niños y jóvenes. San Juan de Ávila es, en fin, la caridad pastoral viviente”. 

Se a vida humana está envolvida no misterio, a vida dun sacerdote é unha concentración de misterio, ás veces en medio do silencio de Deus. É posible vivila soamente apoiados na fe. O lume do Evanxeo debe arder nos sacerdotes para transmitir a alegría que necesita o noso mundo sobrado de tristura e de pesimismos.

O exemplo de San Xoan de Ávila ilumina a noso compromiso pastoral que ha de motivarnos a dicir o que cremos e a vivir do que cremos, a crer o que dicimos e telo arraigado no noso espírito. Non cesamos de experimentar asombro pola gratitude con que o Señor nos escolleu, pola confianza que deposita en nós e polo perdón que nunca nos nega. Queridos laicos, “sede conscientes do gran don que os sacerdotes son para a Igrexa e para o mundo; a través do seu ministerio, o Señor segue a salvar aos homes, a facerse presente, a santificar. Sabede agradecer a Deus, e sobre todo sede próximos aos vosos sacerdotes coa oración e co apoio, especialmente nas dificultades, para que sexan cada vez máis Pastores segundo o corazón de Deus”. Santa Tareixa de Ávila dicía ás súas monxas que non esqueceran aos sacerdotes na oración. Que fermoso sería que a imitáramos rezando infatigablemente polos ministros do Evanxeo para que non se apague neles o entusiasmo nin o lume do amor divino e se entreguen de todo a Cristo e á súa Igrexa, de xeito que sexan para os demais compás, bálsamo, acicate y consolo como o foron para ela. Que a Raíña dos Apóstolos, Santiago Apóstolo e San Xoán de Avila intercedan por nós para que en todo momento reflectamos a realidade do Bo Pastor. 
Homilía de D. Julián Barrio Barrio para el día de san Juan de Ávila

Galería fotográfica 



13 de mayo: Jornada de Oración por los Cristianos Perseguidos

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 13 mayo 2015 0 comentarios

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, convoca a todos los fieles a una Jornada de Oración por los Cristianos Perseguidos, que se celebrará en toda la Archidiócesis de Compostela el próximo día 13 de mayo. La intención del arzobispo compostelano con esta iniciativa es que en las distintas parroquias o templos se puedan aplicar misas por esta intención, se realice el rezo del Ángelus, el Rosario o el ejercicio del Vía Crucis, según las posibilidades de cada parroquia o iglesia. Con esta iniciativa, el arzobispo de Santiago se une al deseo expresado por la Conferencia Episcopal en su reciente CV Asamblea Plenaria, de que se dedique una oración intensa por los cristianos perseguidos en el tiempo que “transcurre desde la Ascensión del Señor hasta Pentecostés”. La Iglesia que peregrina en Santiago de Compostela se une, así, al deseo expresado por el papa Francisco de rezar por tantos cristianos perseguidos en distintas partes del mundo.


Monseñor Barrio: un acontecimiento "institucional y pastoral" que resalta la unidad entre el Obispo y los sacerdotes

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 12 mayo 2015 0 comentarios

El arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, a quien acompañaba su obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González, presidió ayer la reunión del Consejo Diocesano de Presbíteros, en la que se designaron los nuevos miembros de la Comisión Permanente de dicho consejo. El acto tuvo lugar en la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales y a lo largo de la sesión de trabajo, además, se analizaron distintas cuestiones de interés para el presbiterio diocesano. El encuentro se inició con una oración y con una intervención de monseñor Barrio, en la que habló de la importancia del Consejo Diocesano de Presbíteros, a la que siguió la lectura del acta correspondiente a la reunión anterior.

Los nuevos miembros de la Comisión Permanente del Consejo de Presbíteros son: José Antonio Seoane Ares, Elisardo  Temperán, Fabio Pallota, Severino Suárez Blanco y José Ramón Aldao. De la permanente forma parte, también, el secretario, Carlos Álvarez, rector del Seminario Mayor.

El discurso del arzobispo compostelano, que ofrecemos a continuación en su integridad, conforma un documento esencial en el entendimiento de este órgano consultivo, en su naturaleza y en su misión. Monseñor Barrio apeló a la conversión personal para situar a la Iglesia que peregrina en Santiago, en el marco de su Sínodo diocesano, en la perspectiva de la misión y la evangelización. “La Iglesia”, dijo monseñor Barrio, “tiene que lanzar un mensaje de conversión y de autenticidad cristiana en todos los órdenes de la vida. No podemos conformarnos con una pastoral de signo defensivo y conservador, ni resignarnos a seguir perdiendo terreno en el campo de la fe y de la vida cristiana de las personas, de las familias, de nuestra sociedad, ya sea en las aldeas, en los barrios de las villas y en las ciudades. Tenemos que reaccionar. Son necesarias la conversión y la renovación, la evangelización y la misión. Debemos comenzar por revisarnos a nosotros mismos y tratar de vivir evangélicamente, eliminando la desconfianza y corrigiéndonos sin dejar de amarnos”.

TEXTO ÍNTEGRO DE LA INTERVENCIÓN DE MONSEÑOR JULIÁN BARRIO
“Revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, más da su gracia a los humildes. Así pues, sed humildes bajo la poderosa mano de Dios para que él os ensalce en su momento. Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros” 1Pe 5,5-7).

La nueva constitución del Consejo Diocesano de Presbíteros es un acontecimiento institucional y pastoral para toda nuestra Iglesia Particular. En este tiempo que llevo como Arzobispo nunca me han faltado el consejo, las orientaciones y la ayuda en el pastoreo diocesano, provenientes de una reflexión serena sobre la realidad, de una preocupación espiritual y de un conocimiento preciso de nuestra Iglesia Compostelana por parte de los miembros del Presbiterio, aspectos imprescindibles para el buen gobierno pastoral de la misma. Los tiempos de crisis son especialmente tiempos de gracia. Dirigen la mirada a lo esencial. Llaman a la reflexión y a una nueva decisión, precisamente también en relación al desaliento y resignación. En tiempos de crisis surge frecuentemente lo nuevo que antes no se veía. Queremos retomar la iniciativa de una reflexión conjunta sin que se desmoronen los puentes y se destruya la unidad existente. Es evidente que buscamos respuestas a las preguntas actuales en los fundamentos de la revelación y de la doctrina de la Iglesia, porque sólo así podemos permanecer en la verdad de nuestra fe en la comunión de la Iglesia. Los impulsos del Vaticano II, el testimonio de fe de los santos y las directrices de grandes pastores nos pueden proporcionar una valiosa orientación en estos diálogos.

Es posible que el desaliento, el cansancio y la tibieza se hagan notar. Si así fuera, no hemos de ahorrar esfuerzo alguno para superar esas incidencias que pueden paralizarnos. Es necesaria una actitud de reflexión y discernimiento. Lo fácil es dejarnos llevar por la corriente de la indiferencia, lo difícil es pararnos a pensar y tomar conciencia de dónde venimos, dónde estamos y a dónde nos encaminamos en nuestra Iglesia diocesana.

Hay que superar la tentación del continuismo, de la vuelta al pasado, del culto a las formas, desarrollando un espíritu más misionero. La Iglesia tiene que lanzar un mensaje de conversión y de autenticidad cristiana en todos los órdenes de la vida. No podemos conformarnos con una pastoral de signo defensivo y conservador, ni resignarnos a seguir perdiendo terreno en el campo de la fe y de la vida cristiana de las personas, de las familias, de nuestra sociedad, ya sea en las aldeas, en los barrios de las villas y en las ciudades. Tenemos que reaccionar. Son necesarias la conversión y la renovación, la evangelización y la misión. Debemos comenzar por revisarnos a nosotros mismos y tratar de vivir evangélicamente, eliminando la desconfianza y corrigiéndonos sin dejar de amarnos. Pablo de Tarso en su entrega incondicional a la comunidad de Corinto también sufrió en su propia carne la herida de la decepción, pero alcanzó las profundidades de lo humano y pudo exclamar: “nos encontramos en apuros, pero no desesperados” (2 Cor 4, 8). Sólo acertaremos manteniéndonos en actitud humilde y colaboradora. En comunión acertaremos, y entre los particularismos nos perderemos. La comunión no es creación de las palabras ni del ingenio personal, sino de los corazones convertidos. Nuestra acción pastoral debe entender bien las necesidades actuales, teniendo en cuenta condiciones no sólo morales y espirituales, sino también sociales, económicas y culturales. Se trata, en definitiva, de vivir la realidad como el solar donde se está realizando nuestra historia de la salvación. No nos instalemos en la añoranza de tiempos pasados, resurjamos de la esperanza en el Señor. Reconozco en el sentir de san Pablo hacia su querida comunidad de Corinto todo mi agradecimiento: “Doy gracias a Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo; en toda palabra y en toda ciencia” (1 Cor. 1, 4-5).

Hoy de una manera oficial, canónica, instituimos este nuevo Consejo Presbiteral, que empieza su andadura en medio de las inquietudes del Sínodo diocesano. No es la perspectiva sociológica y puramente cultural del contexto democrático en el que nos encontramos, la que nos lleva a  dar razón de esta institución. Sería desvirtuar su contenido, si nuestro planteamiento fuera ese. El Consejo Presbiteral encuentra su razón de ser y su sentido en la sacramentalidad del presbiterio diocesano y en el acontecer de la vida eclesial donde el ejercicio de la autoridad se realiza como servicio. La corresponsabilidad en la Iglesia encuentra su base explícita en el misterio de la comunión, que por su propia naturaleza contempla en sí misma la presencia y la acción de la Jerarquía eclesiástica. En este sentido es necesario recordar que en el Presbiterio el Consejo Presbiteral no es expresión del derecho de asociación de los clérigos, ni mucho menos puede ser entendido desde una perspectiva sindical que comporta reivindicaciones e intereses de parte, ajenos a la comunión eclesial.

1. En la Lumen Gentium se dice: “Mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en la que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios” (LG 48). Si no se tiene en cuenta esta orientación, existe un doble peligro: por un lado se sobrevaloran los aspectos estructurales de la Iglesia: sus instituciones, su organización adquieren excesiva importancia, difundiéndose a veces una concepción de la Iglesia horizontalista y pragmática y contemplando excesivamente como obra humana y muy poco como lugar de gracia. Por otro lado, existe el peligro de que al acentuar excesivamente lo institucional se vea demasiado poco que la figura sacramental  de peregrina que la Iglesia tiene, lleva en sí todos los tesoros de la patria celestial aunque en vasijas de barro. El que busca el éxito de la Iglesia, en sus instituciones, fácilmente se desilusionará; creerá que la cáscara es el fruto, confundirá la aspereza de la cáscara con el fruto que aquella protege y envuelve. Las instituciones en la Iglesia son la cáscara necesaria para el meollo del fruto. Este humilde servicio prestado a la figura de peregrina de la Iglesia podrá comenzar a resplandecer desde dentro si tal servicio está animado por la fe, la esperanza y la caridad. Entonces se realizarán la reforma y la renovación que son las únicas que pueden rejuvenecer a la Iglesia en su peregrinación.

 2. Llegar a ser presbítero es entrar en un cuerpo, en un conjunto orgánico, en una familia sacerdotal, y esta realidad profunda se expresa en la ordenación con la imposición sacramental de las manos del Obispo y con la de los demás presbíteros, que simboliza la acogida en la fraternidad. La fraternidad sacerdotal y la pertenencia al presbiterio son elementos característicos del sacerdote. Por la fuerza del sacramento del Orden "cada presbítero está unido a los miembros del presbiterio por particulares vínculos de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad”. San Ignacio de Antioquía contempla el presbiterio como sanedrín del Obispo. El Vaticano II nos ha ayudado a recuperar operativamente diferentes signos de la comunión sacerdotal: restaurar la concelebración eucarística, promover el sentido pastoral de los arciprestazgos, recomendar la vida comunitaria, la amistad y los grupos sacerdotales de diversa índole; establecer las bases de una pastoral de conjunto, con la incorporación de los seglares; el espíritu comunitario en todas las manifestaciones de la vida eclesial..., y especialmente, mandando la creación en cada iglesia particular del Consejo Presbiteral, como recuperación del sentido más profundo del presbiterio diocesano.

El Obispo ha de escuchar en este Consejo a sus sacerdotes, consultarlos y tratar con ellos sobre las cosas referentes a las necesidades del trabajo pastoral y al bien de la diócesis. Ayudar al Obispo, buscando una mayor eficacia en la atención pastoral al pueblo de Dios ha de ser el objetivo de este Consejo: “La unión de los presbíteros con el Obispo se requiere tanto más en nuestros días cuanto que, en nuestra edad, por causas diversas, es menester que las empresas apostólicas no sólo revistan formas múltiples sino que traspasen los límites de una parroquia o diócesis. Así pues, ningún presbítero puede cumplir cabalmente su misión aislado y como por su cuenta, sino sólo uniendo sus fuerzas con otros presbíteros, bajo la dirección de los que están al frente de la Iglesia” (PO 7). Cf. PO 15, AG 19-20.

3. El fundamento teológico del consejo presbiteral se encuentra en la unidad entre presbíteros y obispo: “Los presbíteros próvidos colaboradores del Orden episcopal y ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman junto con su Obispo, un solo presbiterio, dedicado a diversas ocupaciones. Preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procuren cooperar en el trabajo pastoral de toda la diócesis e incluso de toda la Iglesia" (PO 28). En la comunión sacramental y jerárquica se basa el hecho de que los presbíteros son los cooperadores del orden episcopal (PO 2b) y los obispos disponen de ellos como ayuda y consejeros en el ministerio de enseñar, santificar y apacentar al pueblo de Dios. Los obispos y los presbíteros ejercen -aunque en diverso grado- el único ministerio de Cristo que se les trasmitió por medio de los Apóstoles: de esa comunión surge una corresponsabilidad de los presbíteros junto con el obispo respecto a la consecución del bien espiritual de la diócesis que debe encontrar su expresión concreta en formas de participación en el gobierno de la Iglesia.

La carta circular "Presbyteri Sacra" (11.4.71) define el consejo presbiteral “como órgano consultivo peculiar del obispo, ya que por su misma naturaleza y por su forma de proceder es preeminente respecto de los demás órganos consultivos: es órgano del sacerdocio ministerial, al que está confiada la tarea de apacentar al pueblo de Dios; procede siempre en unión con el obispo y nunca sin él. Por estas razones sólo a él le compete el título y la función de senado del obispo en el gobierno de la diócesis. Tiene carácter representativo respecto al presbiterio, porque lo representa tanto dando consejos e información al obispo, como ejerciendo la función de gobierno que es propia del presbiterio”.

 4. Las cuestiones que debe tratar el Consejo presbiteral son las relativas a toda la vida y gobierno de la diócesis. “Todos los sacerdotes diocesanos han de estar unidos entre sí, y, por tanto, sentirse apremiados por la solicitud del bien espiritual de toda la diócesis; más todavía, recordando, por otra parte, que los bienes que adquieren con ocasión del ministerio eclesiástico están unidos a un cargo sagrado, ayuden generosamente, en la medida de sus fuerzas, a las necesidades mismas materiales de la diócesis según la ordenación del Obispo” (ChD 28).

 5. Hago memoria del papa San Gregorio Magno que  dedicó especial cuidado al bien espiritual del clero, fomentando el estudio de las ciencias eclesiásticas y el perfeccionamiento de las virtudes eminentemente sacerdotales. Escribió en la Regla Pastoral: “El verdadero pastor de las almas es puro en su pensamiento, intachable en sus obras, sabio en el silencio, útil siempre en la palabra. Sabe acercarse a cada uno con verdadera caridad y entrañas de compasión. Elévase por encima de todos por la comunicación con Dios; asóciase con humildad y sencillez con todos los que trabajan en el bien de las almas, mas se levanta con ansias de justicia contra los vicios de los pecadores". Palabras que inspiran seriedad y diligencia en la cura de almas.

6. Yo también deseo que nuestro presbiterio vaya escribiendo día a día esa Regla Pastoral para la que encontramos la teoría en la "Pastores dabo vobis", y para la que nuestra diócesis nos ofrece el espacio concreto para su realización. La sabia creatividad y el espíritu de iniciativa propia de la madurez de los presbíteros contribuirán en beneficio de la fecundidad pastoral y son una garantía para la obra de la Evangelización. Que Santiago Apóstol, San Juan de Ávila y la Reina de los Apóstoles nos acompañen en nuestro peregrinar en este tercer milenio lleno de interrogantes pero también repleto de expectativas.
               + Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.


 “Señor, Jesús, te damos gracias porque animas con tu gracia a esta iglesia compostelana, que se siente peregrina, orientada por el testimonio de la fe apostólica. Tú sabes cuanto deseamos servirte y cómo nos sentimos impulsados por el espíritu al compromiso pastoral. Sabes que a menudo en este servicio nos vemos asaltados por las dudas y temores, y nos preguntamos si lo que estamos haciendo es en realidad importante, si lo hacemos de la mejor manera. Te pedimos, Señor Jesús, Pastor Supremo del rebaño de la Iglesia, Obispo de nuestras almas, nos ilumines para que en todo te imitemos a tí. Sana nuestro corazón de lo que lo turba, y le impide comprender tu palabra. Que seamos limpios en los pensamientos, los primeros en obrar, discretos en el silencio, útiles en el hablar, prójimos de cada uno en la compasión, dados a la contemplación, humildes compañeros de los que obran bien, firmes en velar por la justicia, sin disminuir el cuidado de las cosas interiores por las ocupaciones exteriores. Haz que olvidando nuestras angustias, podamos captar con ánimo libre el sentido de tu palabra y la verdad de amor y de salvación que encierra. Ilumina nuestra para que con verdad y ánimo decidido ofrezcamos signos de esperanza en nuestro ministerio sacerdotal. Encomendándonos al Santo Cura de Ars y al Apóstol Santiago, amigo y testigo del Señor, te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor”.


San Juan de Ávila "Todo es Don"

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 08 mayo 2015 0 comentarios

Sí, así podría resumirse el ánimo de los sacerdotes diocesanos que ayer festejaron a su patrono, San Juan de Ávila, y, sobre todo, el sentimiento que experimentaban aquellos que cumplían este año los sesenta, los cincuenta y los veinticinco años de su ordenación sacerdotal. En la Sacristía de la Catedral, revistiéndose para concelebrar con su arzobispo, monseñor Julián Barrio, algunos de ellos, como portavoces improvisados del resto de sus compañeros, expresaban su emoción. 

    “Siento una enorme gratitud”, explicaba Roman Pawel Wcislo, quien este año celebra sus bodas de plata sacerdotales. “Gratitud hacia Dios por la vocación recibida y una gran alegría. Me siento totalmente feliz como sacerdote, plenamente realizado”, comentaba el actual director del Centro Europeo de Peregrinación Pastoral Juvenil Juan Pablo II y administrador parroquial de San Pedro de Busto y San Cristovo de Enfesta. “Cuando uno se ordena”, explicaba, “todavía no se sabe muy bien lo que es ser sacerdote: ahora es cuando sientes lo que eres de verdad”. Roman Pawel se ordenó en su Polonia natal, junto a otros diez compañeros de la Congregación de la Saleta. “Estoy muy contento de estar en Santiago y del trabajo en las parroquias y en el Centro Juan Pablo II”, resumía.

    Ricardo Viqueira Otero es párroco de San Antonio de As Fontiñas, en Santiago, y director de la Casa Sacerdotal de Compostela. Cumple cincuenta años como sacerdote. “Sentí esta llamada desde pequeño”, aseguraba ayer, “a mí me gustaba la relación con mi parroquia desde niño, donde ejercía como monaguillo. A los 15 años, con una misión de los jesuitas, me llamó la atención este modo de vida y quería hacerme jesuita, pero mi abuela me dijo que sería mejor ir al Seminario diocesano”.

“Siento muchísima alegría, porque mi ordenación como sacerdote fue una oportunidad para ir llenando mi vida con encuentros con muchas personas”, indicaba ayer Ricardo Viqueira. “He tenido la alegría de poder transmitir la experiencia de Dios Amor; la de Jesús, como Vida y Amor; la del Espíritu como fuerza que nos ayuda a caminar”. Viqueira explicaba estar contento “porque me he sentido querido por todas las personas, desde las que encontré en los seminarios Menor y Mayor, hasta los que tuve la suerte de conocer en Magisterio o en el Instituto Eduardo Pondal”. También tiene palabras de agradecimiento para las parroquias de Enfesta y de Fontiñas y para “los sacerdotes, sobre todo los más dependientes”, de los que ahora se encarga como director de la Casa Sacerdotal de Santiago.
    Para Manuel Veiga Castiñeira, que este año celebra sus bodas de diamante como sacerdote, sesenta años de servicio a la comunidad, la jornada de San Juan de Ávila es “un momento de mostrar una gran satisfacción, porque en todos estos años he visto la ayuda de Dios en mi vida y estoy muy agradecido por participar en el ministerio sacerdotal”.

Manuel Veiga Castiñeira ha tenido una amplia experiencia pastoral en distintas parroquias, como Presedo, Meangos y Cos o Betanzos. Recuerda con enorme cariño sus treinta y dos años como responsable de la parroquia de Santa María de A Coruña. “El sacerdocio es una gracia de Dios excepcional”, afirma, “yo sentí su llamada a mis dieciséis años y el Señor me dio la fuerza necesaria para responder a esta vocación”. Manuel Veiga ha sido también canónigo doctoral de la Colegiata de A Coruña.



Actividades para el Clero con motivo de la Fiesta de San Juan de Ávila

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El próximo día 8 de mayo, viernes, el Presbiterio de la Archidiócesis de Santiago celebrará a su Patrono, S. Juan de Ávila. Con este motivo, la Delegación para el Clero ha organizado los siguientes actos:

-    DEL 3 AL 8 DE MAYO: EJERCICIOS ESPIRITUALES.
Director: Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Raúl Berzosa Martínez, Obispo de Ciudad Rodrigo.
Lugar: Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales de Santiago de Compostela.

-    DÍA 8 DE MAYO: FIESTA DE S. JUAN DE ÁVILA, PATRONO DEL CLERO SECULAR ESPAÑOL.
 
11:30 h. Conferencia del Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Raúl Berzosa Martínez, Obispo de Ciudad Rodrigo.
Lugar: Aula Magna del Instituto Teológico Compostelano.
 
13:00 h. Concelebración en la S.A.M.I. Catedral.
Preside: Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago.

14:30 h. Almuerzo de confraternización en el Seminario Mayor. Homenaje a los sacerdotes que cumplen 60, 50 y 25 años de Ordenación.

LISTA DE SACERDOTES QUE CUMPLEN
60, 50 Y 25 AÑOS DE SACERDOCIO EN 2015
ORDENADOS EN 1955 (60 AÑOS DE SACERDOCIO).
 
ALLO CASTRO, HERMINIO (Párroco Emérito de S. Simón de Cacheiras).
BELLO MATO, RICARDO (Párroco Emérito de S. Pedro de Nós).
CALVO TOJO, MANUEL (Canónigo Emérito de la SAMI Catedral).
ESCUDEIRO GANDOS, JESÚS (Párroco de S. Pedro de Tenorio y Unidas).
ESCUDERO GARCÍA, MANUEL (Párroco de S. Juan de Lousame).
IGLESIAS PÉREZ, MANUEL (Canónigo de la SAMI Catedral; Subdelegado episcopal de Misones; Adm. Parroquial de S. Vicenzo de Aro y S. Martiño de Broño; Presidente Diocesano del Apostolado Mundial de Fátima).
LIÑEIRO LEMA, MANUEL (Párroco de Sta. María de Muxía).
VEIGA CASTIÑEIRA, MANUEL (Canónigo Doctoral de la R. e I. Colegiata de A Coruña).

ORDENADOS EN 1965 (50 AÑOS DE SACERDOCIO).
 
ALDAO REY, JOSE RAMÓN (Párroco de Sta. Mariña de Cambados)
BRETAL REGO, MARCELINO (Párroco de S. Martiño de Calvos de Socamiño y Unidas).
CALVO TOJO, JUAN (Párroco Emérito de S. Andrés de Barciela y S. Martiño de Oroso).
CASTIÑEIRA PICALLO, MANUEL D. (Párroco de Sta. María de Miño).
CORNES IGLESIAS, JOSÉ F. (Párroco de S. Breixo de Sergude y Sta. María de Marrozos)
CRESPO IGLESIAS, JOSÉ RAMÓN (Párroco de S. Vicenzo de Oubiña).
DABOUZA FERNÁNDEZ, DOSITEO (ExCapellán Penitenciario).
DIOS VIDAL, ÁNGEL (Misionero en Venezuela).
FERREIRO FERNÁNDEZ, SANTIAGO (Párroco de Sta. María do Camiño y S. Bieito de Santiago; Gerente del I.S.C.).
GARCÍA GONDAR, JOSÉ M. (Párroco Moderador de la U.P. de S. Xoán Bautista de Carballo).
LAGE RADIO, RAÚL (Adm. Parroquial de San Bartolomé de Pontevedra).
LÓPEZ LÓPEZ, CELESTINO (Párroco de Sta. María da O de Vilaboa-Rutis).
LÓPEZ MÍGUEZ, JESÚS (Párroco de S. Ourente de Entís y Unidas).
LORES PEREZ, ELADIO (Capellán Castrense en la reserva; Adscrito a S. Martiño de Noia).
PORTO BUCETA, JOSÉ (Párroco de Sta. María la Mayor y Real de Sar).
REDONDO MELLA, ENRIQUE E. (Párroco de Sta. María de Laxe-Atalaia y Unidas)
RODRÍGUEZ ZUMALAVE, RAMÓN (Párroco de S. Fins de Brión).
TOJO BOTANA, MANUEL (Párroco de S. Pedro Apóstolo de Santiago).
TOREA SENDÓN, ARGIMIRO (Párroco Emérito de Sta. Marta de Santiago).
VARELA GONZÁLEZ, SECUNDINO (Adm. Parroquial de Santiago de Caroi y Unidas).
VARELA LAMELA, JOAQUÍN (Párroco de Sta. María de Sada).
VILABOA QUINTILLÁN, REINERIO (Párroco de S. Cristovo de Abanqueiro).
VIQUEIRA OTERO, RICARDO (Párroco de S. Antonio de As Fontiñas; Director de la Casa Sacerdotal de Santiago).

ORDENADOS EN 1990 (25 AÑOS DE SACERDOCIO).
CARREIRA REY, MANUEL (Párroco de Sta. María de Bemil, Sta. Mariña de Carracedo e Sto. Estevo de Saiar).
GARCIA DE LAS HERAS, ANTONIO (Párroco de S. Xosé de Ares e Sta. Baia de Lubre).
ISORNA SANTIAGO, FERNANDO (Capellán del CHUAC; miembro de la U. P. del Hogar de Sta. Margarita).
PUÑAL RODRÍGUEZ, MANUEL J. (Párroco de S. Mamede de Monte y Unidas).
VILLAR FERNÁNDEZ, MANUEL A. (Adm. Parroquial de Sta. María a Antiga  da Pobra do Caramiñal y Sta María do Xobre).
WCISLO KOSZULINSKI, ROMAN PAWEL, M.S.,  (A.P. de S. Pedro de Busto e S. Cristovo de Enfesta; Director del Centro Europeo de Peregrinación y Pastoral Juvenil Juan Pablo II).


"Sillón solidario" de Cáritas para atención bucodental

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El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio Barrio, bendijo las instalaciones del “Sillón Solidario”, el nuevo programa que Cáritas Diocesana de Santiago de Compostela pone en marcha en materia de atención  social en Odontología integral básica y primaria, adulta e infantil, destinado a las personas sin recursos o que se encuentren en riesgo de exclusión social.

El delegado episcopal, Jesús García Vázquez, agradeció la iniciativa que nació, comento, por la generosidad de un grupo de médicos odontólogos encabezados por el Dr. Manuel Gelabert. Por su parte, Anuncio Mouriño, director diocesano, señaló la importancia de dar algo de lo que se recibe “como hacen estos odontólogos que quieren servir a los más necesitados de la sociedad”.

El Dr. Manuel Gelabert González comentó que la iniciativa había surgido hace algo más de un año y que la intención es que se pueda atender inicialmente entre cuarenta o cincuenta personas a la semana. Al mismo tiempo, hizo un llamamiento para que otros compañeros de profesión, si lo consideran oportuno, se sumen a este proyecto.

Cerró el tuno de intervenciones monseñor Barrio, quien agradeció su compromiso a todos los que habían trabajado en esta iniciativa que busca ayudar a las personas que más lo necesitan. Señaló que para ejercer la caridad se necesita imaginación y creatividad. Algo que, dijo, se puso de relieve en este proyecto solidario.

Odontólogos, colaboradores y beneficiarios

La iniciativa de atención sanitaria cuenta con la colaboración de un equipo de médicos/odontólogos compuesto por Manuel Gelabert González y Covadonga Murais (odontólogos); Olga Loroño Pérez (especialista en odontología infantil), e Ignacio Díez (cirujano maxilofacial).

El “Sillón Solidario” está patrocinado por Proclínic, que dona material  fungible por un importe de 3.000 euros anuales, y el Hospital  Policlínico La Rosaleda, que realizará de forma gratuita un total de 80 resonancias panorámicas al año con un costo superior a los 4.000 euros. Colaboran con el proyecto, donando material y servicios, los grupos Samhigia y Menarini,  el deposito dental Galident, y las Siervas de San José que ceden las instalaciones .

 
La atención sanitaria será previa cita y una vez que el paciente haya sido evaluado y derivado por los servicios sociales de la institución. La consulta  bucodental se realizará en dependencias de los servicios centrales de Cáritas, en Carrera del Conde, donde se ha instalado un consultorio y todo el equipo técnico y material necesario para atender a los pacientes.


El corazón del Obispo, el corazón de la Diócesis (Galería fotográfica)

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 06 mayo 2015 0 comentarios

Este Primero de Mayo se celebró con una gran asistencia de chicos y chicas -casi setecientas personas procedentes de distintas parroquias de la Archidiócesis y de numerosos colegios- el III Encuentro Interdiocesano de Niños, que presidió el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio. Desde las 11 de la mañana, chicos y chicas se dieron cita en el Seminario Menor de Santiago, donde pudieron participar en charlas sobre el sentido de pertenencia a la Iglesia y sobre la familia, así como en distintos talleres de música, pintura o animación. Monseñor Barrio se dirigió a los chavales para felicitarles por su participación y para agradecerles su asistencia a este encuentro. En su intervención, el arzobispo aseguró que los chavales son no sólo el futuro de la Iglesia sino que ya constituyen el presente. También se dirigió a los niños y niñas el obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González. A lo largo de la jornada, con todas las actividades ideadas al hilo del lema de esta jornada “Pinta y súmate”, los chavales tuvieron también ocasión de escuchar a representantes de Cáritas, pudieron escuchar el testimonio de una familia y conocer el trabajo que desarrollan los diáconos. Mientras, algunos de los padres de los chicos que estaban presentes disfrutaron de la representación de la obra de teatro “Los Miserables”, interpretada por alumnos del Seminario Menor.

         Tras el almuerzo, los casi setecientos niños y niñas, se trasladaron a la Catedral para participar en la Eucaristía que presidió monseñor Julián Barrio. En su homilía, monseñor Barrio aseguró que los niños y niñas son el corazón de la Iglesia y el corazón del obispo y dijo, además, que el Apóstol Santiago estaba muy contento de recibir a los chicos y chicas.

         La ceremonia litúrgica estuvo animada en la parte musical por los miembros del PEDAL. Al término de la Misa funcionó el botafumeiro para regocijo de todos los asistentes. Numerosos jóvenes voluntarios se encargaron a lo largo de toda la jornada tanto de mantener el orden como de acompañar a los chicos y chicas participantes.


El corazón del Obispo, el corazón de la Diócesis

Publicado por Comunicación Pastoral de la Diócesis El 02 mayo 2015 0 comentarios

Este Primero de Mayo se celebró con una gran asistencia de chicos y chicas -casi setecientas personas procedentes de distintas parroquias de la Archidiócesis y de numerosos colegios- el III Encuentro Interdiocesano de Niños, que presidió el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio. Desde las 11 de la mañana, chicos y chicas se dieron cita en el Seminario Menor de Santiago, donde pudieron participar en charlas sobre el sentido de pertenencia a la Iglesia y sobre la familia, así como en distintos talleres de música, pintura o animación. Monseñor Barrio se dirigió a los chavales para felicitarles por su participación y para agradecerles su asistencia a este encuentro. En su intervención, el arzobispo aseguró que los chavales son no sólo el futuro de la Iglesia sino que ya constituyen el presente. También se dirigió a los niños y niñas el obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González. A lo largo de la jornada, con todas las actividades ideadas al hilo del lema de esta jornada “Pinta y súmate”, los chavales tuvieron también ocasión de escuchar a representantes de Cáritas, pudieron escuchar el testimonio de una familia y conocer el trabajo que desarrollan los diáconos. Mientras, algunos de los padres de los chicos que estaban presentes disfrutaron de la representación de la obra de teatro “Los Miserables”, interpretada por alumnos del Seminario Menor.

         Tras el almuerzo, los casi setecientos niños y niñas, se trasladaron a la Catedral para participar en la Eucaristía que presidió monseñor Julián Barrio. En su homilía, monseñor Barrio aseguró que los niños y niñas son el corazón de la Iglesia y el corazón del obispo y dijo, además, que el Apóstol Santiago estaba muy contento de recibir a los chicos y chicas.

         La ceremonia litúrgica estuvo animada en la parte musical por los miembros del PEDAL. Al término de la Misa funcionó el botafumeiro para regocijo de todos los asistentes. Numerosos jóvenes voluntarios se encargaron a lo largo de toda la jornada tanto de mantener el orden como de acompañar a los chicos y chicas participantes.