En Blanco: EL DIOS DE NUESTRA FE

Publicado por Javier de Montse CCaná El 15 junio 2014 0 comentarios
            “¡Tsss, tsss, tsss!”. Desde que salió al mercado el “3 en 1”, se puso de moda una manera nueva de explicar la Santísima Trinidad. Pero el concepto de “3 usos y un mismo aceite”, como cualquier otra imagen, resultaba insuficiente. Ya San Patricio había patentado, con cierto éxito, la figura del trébol. Las tres llamas de un fuego, etc.
            La verdad es que, a pesar de ser 3, no se lograba romper la idea de un tipo serio; tal vez múltiple, sí, pero habitante pintoresco de una isla desierta, con demasiado tiempo para aburrirse. Por eso, cuando alguien prendió en nuestras cabezas el pensamiento de Dios familia, sucedió un pequeño salto de calidad: vida, jaleo, amor, desvivirse, perdonar, aceptarse, comprender, animar, unión, colaboración, afrontar juntos… Mejor.
            A lo largo de la historia nos hemos fabricado un montón de caricaturas de Dios: primer motor; alguien con quien cumplir; un ser espiritual, por encima de las nubes y de nuestras cosas; una máquina de atender peticiones; un abuelete, etc., etc. Decía Mons. Romero: nuestro Dios es el Dios de Moisés (único y vivencial, que conduce nuestra historia), Dios de Jesucristo (la entrega que Él vive, implica mucho más que tener fe), Dios de Pablo (se ha hecho posible la comunión con Dios y entre la humanidad). 
            “¡Oye, Fulano!, ¿puedes ayudarme a llevar estas maletas? ¡Pesan muchísimo, no puedo con ellas!”. “Mmmm…Va a ser que no. Sorry! Pero tú, ¡ofrécelo!”. La familia “Dios” disfruta invitándonos a vivir su propia entrega y generosidad. Es otra cosa. 
Manuel A. Blanco Vázquez, Director de Comunicación

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