
Sentados
en su banco del parque, los paisanos hablaban sobre otro “banco”. Les daba
vergüenza cómo se burlaban de lo duro que habían trabajado y de sus esforzados
ahorros. Uno de ellos, blandiendo amenazadoramente su bastón, apostillaba: “E
aínda tiveron sorte dar cos que deron. Se mo fan a min, búscoos onde sexa e…”
Un
trabajador esforzado llegaba a casa echando pestes sobre los hijos del jefe:
“Estes pensan que somos os esclavos deles. Coa de choio que temos na empresa,
aínda teñen cara de vir coas súas conveniencias. Madia leva ó patrón a non
cederlle a propiedade; acababan con todo de contado! Afeitos a folgar,
habituáronse a incordiar”.
Las
riquezas siempre han traído problemas: avaricias, envidias, egoísmos,
herencias, perezas, caprichos, explotaciones, injusticias, etc. Además, sólo tenemos un corazón. Y se
nos pega como la miel a la posibilidad de bienestar. El error es pensar que se
compra sólo con dinero. Y que podremos vivir sin esforzarnos.
Me
inculcaron desde pequeño que alguien bien pagado por un trabajo bueno y
abundante, rinde más. Pero hoy es frecuente que esto no se lleve a cabo. Normal
que los “currantes” no se impliquen al máximo. El dinero flota y va a parar a
ciertos bolsillos; pero no siempre de quienes más se lo merecen ni necesitan. Y
esto no trae paz social.
Termino
con la anécdota de un amigo. Heroica. Pero no siempre posible en la actualidad,
pues los trabajadores están muy “pillados por donde duele”. Una empresa le
llama para contratarle. Le citan en un hotel a una hora concreta. Nadie
aparece. El tipo le comunica a la recepcionista que se marcha y que si
preguntan por él, digan que no le interesa trabajar con alguien tan poco
formal. Entonces, un encargado de personal aparece y le dice que “esa era la
personalidad que buscaban! Contratado!”. A lo cual mi amigo, quitándose la mano
del sujeto aquel de su hombro responde: “yo no trabajaré nunca con alguien que
juega así con las personas. Que tenga Vd. un buen día”.
Manuel A. Blanco Vázquez, Director de Comunicación
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