En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora,
al enterarse que estaba comiendo en la casa del fariseo,
vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y,
colocándose detrás junto a sus pies, llorando,
se puso a regarle los pies con las lágrimas,
se los enjugaba con los cabellos de su cabeza,
los cubría de besos y se los ungía con el perfume. (...)
Él dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".
del Evangelio del día (Lc 7, 36-8 3)
XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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