D. Perfecto
Ulloa regentaba una farmacia. Afirmaba con sorna: “Sin lugar a equivocarme, puedo decir que, Perfectos, somos pocos”.
La perfección no existe sobre esta tierra. Así lo descubrieron los letrados y
fariseos, acusadores implacables, aunque no tontos. Jesús los caló pronto: “el
que esté sin pecado que tire la primera piedra”.
Esta época
tiene dos deportes reyes: el fútbol, y la evasión de capitales. Caer en la
tentación resultaría fácilmente justificable: “Total, todos lo hacen”. Pero el
Papa, ¡cuidado!: se le exige perfección. Que sea íntegro del todo, inmaculado,
irreprochable. Su pasado, presente y futuro. ¡Qué agobio! ¡Reclamo mi derecho a
equivocarme!
Esta época
tiene dos deportes reyes: el fútbol, y la evasión de capitales. Caer en la
tentación resultaría fácilmente justificable: “Total, todos lo hacen”. Pero el
Papa, ¡cuidado!: se le exige perfección. Que sea íntegro del todo, inmaculado,
irreprochable. Su pasado, presente y futuro. ¡Qué agobio! ¡Reclamo mi derecho a
equivocarme!
No pretendo
ser imperfecto a propósito. Pero que nadie se atreva a robar una de las perlas
más preciosas de la fe, que afirma: “Dios me quiere tal y como soy”.
Entusiasmante. Dios espera siempre. Perdona una y otra vez. Tiene paciencia,
como buen maestro, hasta que el alumno aprenda la materia. Nunca se cansa.
Al Papa le han
colocado un “ojo de halcón” sobre su cabeza. Le mirarán con lupa. No le pasarán
ni una. Y, ¿cómo saber si el Santo Padre es perfecto? ¿Si recibe muchas
alabanzas o si genera muchas discrepancias? Quien busque la santidad, no
necesita halagos ni atiende a ladridos.
Estilo-Jesús.
La
responsabilidad de los cristianos es grande. Se nos pide ejemplaridad.
Prometamos luchar por ella. Entonces, aplaudan o silben, lo verá Dios y
disfrutará.
Manuel A. Blanco Vázquez, Director de Comunicación
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