Jaime Vaamonde: pasó haciendo el bien

Publicado por Oscar Valado El 08 marzo 2013 0 comentarios
© Miguel Castaño
Ricardo Sanjurjo para Pontevedra Viva

Hablar de Jaime Vaamonde Souto, decirle adiós, supone muchas cosas. Porque Don Jaime (y para mí siempre era «Don Jaime», por mucho que me dijera mil y una veces que «de tú»), para bien o para mal, no dejaba a nadie indiferente. En mi caso es para bien. En mi caso y en el de muchas personas que lo hemos conocido. Porque yo, y muchos otros, estamos hoy donde estamos gracias, y no en poca medida, a lo que él hizo por nosotros. Y no estoy hablando sólo de curas. Somos muchos los que podemos decir que hemos tenido el honor de habernos encontrado con aquel hombre sencillo de Cutián en nuestra vida.

Don Jaime, como decía, no dejaba a nadie indiferente. Porque a pesar de su sencillez, a pesar de su timidez… era una de esas personas con presencia, que calaban bien hondo en el que está delante. Y si hay que buscar una palabra para describirlo, sólo se me ocurre una: pastor. Esa fue su vocación y eso hizo, dejándose – literalmente, además – la vida. Fue pastor hasta que el cuerpo le dijo «basta» y, aún así, él se negó a rendirse.

Don Jaime fue un pastor apasionado por sus ovejas, por las personas que Dios a través de la Iglesia ponía bajo su cuidado. Por todas: las ricas y las pobres, las de la derecha y de la izquierda, las de arriba y las de abajo. Y lo procuró hacer lo mejor que supo, a pesar de los sacrificios que eso le conllevaba.

Con palabras dulces, de ánimo, de apoyo. Y, también, con bastón en mano. Porque el pastor, el buen pastor, no sólo guía a las ovejas con caricias, sino que de vez en cuando tiene que ponerse firme sacar el cayado para reconducirlas.

Hoy nos toca decirle adiós a un coruñés, un betanceiro, mejor dicho, de alma pontevedresa, porque aquí pasó toda su vida pastoral – excepto los meses, pocos meses, que estuvo en A Coruña –, entre Vilagarcía y Pontevedra, y aquí dejó gran parte de su corazón, de su obra, de su legado. Pero nunca para él: siempre para los demás, siempre para Dios.



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