"¡Cristo vive! ¡La Iglesia está viva! ¡La Iglesia compostelana peregrina en esperanza! Esta celebración eucarística es el momento central de esta primera Asamblea diocesana, que se reúne hoy con su Arzobispo. El corazón de todo acontecimiento eclesial es la Eucaristía, en la cual Cristo nuestro Señor nos convoca, nos habla, nos alimenta y nos envía a “comunicar el Evangelio en un mundo que cambia”. A vosotros, queridos presbíteros y diáconos; a vosotros, religiosas, religiosos y laicos comprometidos, jóvenes y niños dirijo mi más cordial saludo. En todos vosotros con afecto pastoral saludo a toda la comunidad diocesana. Deseo expresar de modo especial mi aprecio a los que han trabajado largamente en la preparación y la organización de esta Asamblea.Desde que llegué a la Diócesis, he deseado caminar con y junto a vosotros, tratando de indicaros la fuente del agua refrescante de la Palabra de Dios y la mesa del pan vivo de la Eucaristía, alimento del pueblo peregrino. Así lo manifesté en mi primera carta pastoral y en el Congreso Eucarístico diocesano que celebramos. Revitalizar el Domingo, Día del Señor, y dignificar la celebración de la Eucaristía han sido el objetivo del Plan pastoral diocesano. Hoy nos unimos a la Virgen María para decir: “Mi alma glorifica al Señor”, cántico de alabanza y de alegría, en que María proyecta su mente hacia Dios; se eleva por encima de todo y de si misma; fija la mirada en la fuente de la luz; y se pone ante la presencia de Dios.
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