No sé... un momento concreto no lo hay para decir ‘aquí empieza mi vocación’. Sino que, a medida que pasan los años, miras hacia atrás y dices: ha habido un montón de momentos y de pasos intermedios en los que Dios me ha ido guiando, y hay momentos de los que más he aprovechado. Pero ya te digo, el grupo de oración, fue lo que más me ayudó, y también el hablar con un sacerdote de todas estas cosas. Además, uno no entra en el Seminario ya con todo clarísimo, ‘voy a ser cura’, sino que también el Seminario es una etapa de formación para ir viendo si eso es lo tuyo.
¿Cómo reaccionaron tus padres cuando les dijiste que querías ser sacerdote?
Pues bien, bastante bien. No te voy a decir que al principio dieron saltos de alegría pero no se opusieron en ningún momento y, a medida que pasa los años, veo que están ellos prácticamente más ilusionados que yo. Incluso se han acercado más a la Iglesia.
¿Y tus amigos?
Mis amigos bien porque... bueno, lo de los amigos es un poco especial. Yo tengo los amigos del colegio, los amigos de instituto; pero la pandilla en sí, éramos todos chicos de la parroquia, chicos precisamente del grupo de oración. Salíamos juntos, íbamos al cine juntos, quedábamos para comer juntos, rezábamos juntos, íbamos a misa juntos... Entonces, en una pandilla así, todo ayuda. Y de hecho, de la pandilla han salido varias vocaciones: yo sacerdote, hay cuatro religiosas de clausura, varias vocaciones al matrimonio (algunas ya consolidadas, de gente de la misma pandilla), y otras pues todavía están buscando.
¿Cómo han sido los años de Pastoral en parroquias? ¿En cuáles has estado?
Los dos primeros años, los sábados por la tarde te dedicas a labor de tipo social. Yo estuve un año en el Asilo de los Ancianos Desamparados de Santiago. Luego, el domingo por la mañana íbamos a parroquias del entorno de Santiago. El primer año estuve en la Peregrina, allí en las afueras de Santiago, y el segundo año estuve en Marozos y Servume. A partir del tercer año ya es cuando te implicas más en serio en la Pastoral. Estuve dos años en Muros, luego estuve otros dos años en Culleredo y es totalmente distinto, pero allí también estupendo, con el cura, con familias ya más en concreto.. Estaba en tres parroquias, pero fundamentalmente estaba en una, que era donde vivíamos. Y muy contento allí también.
Este último año en Bueu también fue totalmente distinto. Quizás esta zona yo ya la conocía algo más, ya que el pueblo de donde soy, Marín, está al lado, pero también se aprende mucho al lado de don José. La experiencia de dar clase en los colegios también es una experiencia muy enriquecedora, creo yo. Pero muy imitada también, porque obviamente, encontrándote con los chicos una hora a la semana tampoco puedes hacer mucho... Y quizás aquí con el colegio de Bueu tuve más contacto porque claro, lo tenía al lado, y muchos de los chavales vienen a la parroquia. A raíz de la Peregrinación a Covadonga que hicimos con la Pastoral Juvenil en febrero, también enganché más con ellos. Pero bien, en todos los sitios bien. Además, he pasado por las tres vicarías: la de Santiago, la de A Coruña, y la de Bueu. Los tres sitios distintos y los tres sitios de maravilla.
¿En total cuántos años llevas preparándote para el sacerdocio?
En mi curso entramos ocho. Venían todos del Seminario Menor, con lo cual, ellos ya llevaban preparándose más tiempo. Yo entré directamente en el Mayor al acabar el instituto. Los cinco primeros años estuve estudiando la carrera de Teología en sí, y luego estuve otros dos años con una especialidad más concreta que es la de Teología Fundamental. Sumados son siete años de preparación, pero este último ya fue como diácono.
¿Cómo te sientes ahora que queda tan poco para la ordenación?
Son un cúmulo de emociones las que estoy sintiendo estos días. Por un lado, estoy preocupado porque hay que preparar detalles para la ordenación, para las primeras misas, también acabo de terminar los exámenes entonces siempre estás agitado por el fin de curso quizás. Y a la vez, me siento muy ilusionado por lo que viene. Uno ya nunca se considera digno de ser llamado al Ministerio Sacerdotal, pero... no sé, cada vez que lo piensas fríamente dices tú, "Madre mía, ¡ lo que Dios quiere hacer conmigo sabiendo cómo soy yo!". Pero bueno, Él me conoce mejor que yo mismo así que Él sabrá lo que hace. Estoy muy ilusionado y espero en los Ejercicios que tendremos dentro de unos días, centrarme más para disponerme a recibir adecuadamente lo que se acerca.
¿Qué le dirías a la gente que lea esta entrevista?
Estad bien seguros de que NADIE nos conoce mejor que Dios. Él sabe mejor que nadie qué es lo que nos conviene y qué es lo que nos va a hacer verdaderamente felices. Por lo tanto, si alguien ve que Dios lo llama para el sacerdocio, ADELANTE y SIN MIEDO, porque ahí le va a dar la verdadera felicidad. Si alguien ve que lo llama para la vida religiosa, lo mismo, y si alguien ve que lo llama para la vida matrimonial, pues también. Porque hacen falta muchos matrimonios santos, que tengan tres hijos: un cura, una monja y otro que tenga otros tres hijos.

Javier de Montse CCaná Grazas, Lucía, pola túa disponibilidade e por esta entrevista a Santi.
Deus bendícenos!