Los soldados se lo llevaron al interior del palacio
-al pretorio- y lo convocaron a toda la compañía.
Lo visten de purpura, lo ponen una corona de espinas,
que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: "¡Salve, rey de los judíos!".
Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron;
y, doblanco las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa.
Lecturas del día: (Is 50, 4-7) (Sal 21) (Fp 2, 6-11) (Mc 15, 1-39)
DOMINGO DE RAMOS
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