HINCHADAS RIVALES
“La vaca
y la osa pacerán, juntas se acostarán sus crías (Is 11, 7)
Mario y Fernando eran muy forofos
del Dépor (“non despreciando” a los
del Celta, que este año va mucho mejor en la Liga). Su profesor de Sociales les
había prometido ir a ver un buen partido si aprobaban todo con un digno
comportamiento. Lo consiguieron. Como en un gran Adviento, ansiaban que llegase
ese día cumbre.
El Real Madrid celebraba su 100
aniversario y había llegado a la final de la Copa del Rey, que se jugaba en su
Bernabeu. Rival: el Deportivo. Mario, Fernando y su profe accedieron a sus
localidades en aquel estadio imponente, abarrotado. De repente, una bufanda
rojiblanca asomaba en el abrigo del vecino de al lado.
“¿Y tú, meuhome?”, le preguntó Fer,
dando por hecho que el dialecto de Noia se hablaba en todo el mundo. “Soy del
Atleti, no te preocupes. He venido a ver cómo pierde el Madrid…” Esta reflexión
y tanta fe les dieron para reírse un
rato juntos. Aquella noche, el resultado favorable (el Centenariazo) eclipsó
cualquier otro discurso.
No veo a Juan Bautista, un tipo tan
austero, a gusto en un estadio de fútbol. Pero seguro que disfrutaría con
sencillos mensajeros de paz y alegría como Mario, Fernando, el profe, el del
Atleti, etc. El final de un partido, lo desconocemos. El final del Adviento,
está clarísimo. En ambos casos, también importa el camino que allí nos
conduzca. Supongo que la felicidad sólo llega después de allanar, abajar,
enderezar… Concluyendo: la violencia no se concibe como respuesta al regalo de
la Encarnación.

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